Michael Rowan

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En Venezuela hay 236 comunas y se prevé un total de 3.000 para albergar a 21 millones de personas. Como lo proclamó Hugo Chávez poco después del 7-10, la creación de las comunas es la prioridad en 2013, de allí que sería útil aprender de los chinos que son entendidos en la materia. Las obras recientes de Yang Jisheng y Zhou Xun acerca de las comunas de Mao Zedong son temas candentes en Pekín. En ellas se describe la tragedia que se debe evitar.
Las comunas chinas nacieron del deseo de Mao de acelerar el desarrollo del país luego de su revolucionaria redistribución de la propiedad entre los campesinos: una medida bastante popular en los años cincuenta. Al percatarse de que el campesinado no era capaz de avanzar en la producción tecnológica, Mao ordenó la confiscación de las tierras con estrictos controles sobre las técnicas de agricultura y las cosechas, las cuales se predecían según el pensamiento maoísta exagerado aunque ideológicamente correcto. En las regiones, fanáticos armados se encargaban de hacer cumplir las imposibles metas de producción. Para 1959, los chinos pasaban hambre para llenar los graneros y pasar las temibles inspecciones de producción. Llenaban los graneros con tierra que tapaban con unos cuantos metros de grano. Así sería la tortura en caso de infracción. Cuando supo la verdad, Mao asumió que los especuladores acaparaban el grano y declaró que cualquier granjero que abandonara su comuna era un vago, lo que constituía un delito penal. Para 1962, entre 36 y 45 millones de chinos murieron de hambre, cuya mención también constituía un delito. Por ser el país una teocracia secular cuyo Dios era Mao, otros millones sucumbieron en su empeño por derrocarlo y desbandar las comunas. Desde los años ochenta, China ha sido la economía de más rápido crecimiento en el mundo, mediante el capitalismo y la globalización.
En China, Chávez declaró que siempre fue y será maoísta. Los dirigentes chinos quedaron impactados, mirándolo con un silencio incrédulo. Sin embargo, siendo realistas, negociaron una línea de crédito por 40 millardos de dólares a cambio de petróleo. Los chinos, siempre tan pragmáticos, hacen negocios con cualquiera, aunque sea maoísta, si ello significa un buen trato.
Traducción: Conchita Delgado
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